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Ćrase una vez en Harlem es una obra de arte monumental. Foto: CortesĆa del Instituto Sundance
Hay al menos una obra de arte verdaderamente monumental que debutarĆ” en el Festival de Cine de Sundance de este aƱo y representa la culminación de un viaje de cinco dĆ©cadas. En 1972, el cineasta William Greaves invitó a casi todas las figuras supervivientes del Renacimiento de Harlem a un cóctel en la casa de Duke Ellington para discutir la historia y el legado de ese perĆodo. Con tres cĆ”maras, Greaves filmó todo el evento, con la esperanza de usarlo en un documental sobre el Renacimiento de Harlem, cuyo formato aĆŗn no tenĆa en mente. Trabajó en este metraje de forma intermitente durante el resto de su vida, proyectando fragmentos del trabajo en progreso en varios lugares hasta que la pelĆcula se convirtió en una especie de proyecto de ensueƱo legendario. Greaves murió en 2014, pero continuaron los esfuerzos para completar su pintura. Ahora estĆ” aquĆ, terminado por su hijo David Greaves (quien fue uno de los camarógrafos del evento y trabajó estrechamente con su padre a lo largo de su carrera).
Es una reunión extraordinaria, no sólo por todas las luminarias presentes, sino tambiĆ©n por la vitalidad de su participación. Muchas de estas personas no se han visto en dĆ©cadas y son todas personas mayores, pero estĆ”n claramente entusiasmadas con el tema del Renacimiento de Harlem, en parte porque su legado estĆ” muy abierto a la interpretación. Ida Mae Cullen, viuda del poeta Countee Cullen, seƱala que la gente de la Ć©poca a menudo confundĆa el Renacimiento con la dĆ©cada de 1930, pero que en realidad comenzó en la dĆ©cada de 1920. Existe un debate sobre si el Renacimiento representó un perĆodo especĆfico o si continuó. La poeta Arna Bontemps (que morirĆa apenas un aƱo despuĆ©s) llama a este perĆodo "una especie de prisma que refleja toda la experiencia negra desde el principio hasta el presente", que redefinió lo que vino antes e influyó en todo lo que vino despuĆ©s.
Parece que todo el mundo tiene una opinión y algunas entran en conflicto con las opiniones de los demĆ”s. Uno de los invitados es el escritor George Schuyler, quien a estas alturas se habĆa convertido en un archiconservador que votaba por Goldwater, y es divertido ver a algunos de los demĆ”s respondiendo a sus provocaciones. Lo que queda mĆ”s claro es hasta quĆ© punto cada uno estĆ” personalmente involucrado en el legado de la Ć©poca. Ida Mae Cullen expresa frustración porque nadie mencionó a Countee. La legendaria columnista social Gerri Major recuerda que un hombre blanco le escupió en el Cotton Club, precisamente en todos los lugares. La gente recuerda a los artistas que murieron jóvenes. Van y vienen sobre polĆtica, literatura, todas las revistas y periódicos que publicaron la obra, los bibliotecarios que dieron a estos jóvenes poetas y autores lugares para escribir. Hablan de la relativa influencia del arte africano en el Renacimiento de Harlem y del movimiento de regreso a Ćfrica de Marcus Garvey. Y, por supuesto, hablan de las fuerzas sociales y los atropellos que impulsaron el Renacimiento: el racismo y la violencia nacional que empujaron a la gente a Harlem en primer lugar.
El metraje fue editado con fluidez y gracia. La pelĆcula no presupone un conocimiento total por parte del espectador. Hay material de archivo intercalado, incluidos extractos de poesĆa y fotografĆas de pinturas importantes. Pero todo fluye con tanta naturalidad. Ya al principio, el fotógrafo James Van Der Zee se sienta al piano y recuerda que su primer amor fue la mĆŗsica y que acabó siendo fotógrafo para pagar las cuentas. Luego comienza a tocar una canción lĆrica, mientras algunas de sus imĆ”genes aparecen en la pantalla. En uno de los muchos puntos culminantes de la pelĆcula, Richard B. Moore, socialista y activista por los derechos civiles, de 79 aƱos, ofrece una lectura apasionada e improvisada de "If We Must Die" de Claude McKay, de memoria. No mucho despuĆ©s, Leigh Whipper, cofundador de 95 aƱos del Sindicato de Actores Negros de Estados Unidos, recita todo el discurso que leyó como Haile Selassie en la pelĆcula de 1943 Misión en MoscĆŗ, completo con acento. El pasado no parece tan lejano para estos hombres.
Al ver esta pelĆcula en 2026, uno puede sentir una punzada de anhelo por la calidez de tales encuentros. Se siente como una explosión nostĆ”lgica de una Ć©poca en la que la gente realmente se reunĆa y hablaba de cosas, incluso discutĆa apasionadamente entre sĆ sobre ellas. Pero tal calor no ocurrirĆa si las imĆ”genes en sĆ no lo reflejaran. Dicho de otra manera: William Greaves sabĆa cómo filmar una fiesta. La cĆ”mara real se acerca a los sujetos, o se desplaza hacia adelante y hacia atrĆ”s, o se desplaza entre la multitud. La conversación no se siente estructurada, sino que tiene un formato orgĆ”nico definido. Al principio, los participantes se muestran un poco mĆ”s formales entre sĆ, pero a medida que avanza la noche se vuelven mĆ”s libres, mĆ”s combativos, pero tambiĆ©n mĆ”s alegres. El director tambiĆ©n estĆ” ahĆ. Conocemos un poco mĆ”s a Greaves a medida que avanza la fiesta, y a veces incluso intentamos llevar la conversación en ciertas direcciones. Alguien toca el micrófono para marcar una escena. Una voz suena fuera de campo para decirnos quiĆ©n acaba de hablar. El artificio se revela, casi como si el propio Greaves se estuviera volviendo mĆ”s libre con el material.
De hecho, William Greaves hizo un muy buen documental corto sobre el Renacimiento de Harlem en 1974 llamado From These Roots, que se construyó Ćntegramente a partir de materiales de archivo, imĆ”genes fijas y metraje de noticieros. (Puedes verlo aquĆ.) Esperaba incorporar algo de esa reunión de 1972 en esa pelĆcula. Pero no es difĆcil entender por quĆ© se obsesionó por separado con el proyecto Ćrase una vez en Harlem. Las imĆ”genes de la fiesta no solo son notables, sino que tambiĆ©n parecen algo que podrĆa verse diferente para Ć©l cada vez que las revisito.
Greaves produjo una enorme cantidad de trabajo a lo largo de su carrera, pero puede que sea mejor conocido por Symbiopsychotaxiplasm: Take One, una pelĆcula hĆbrida experimental filmada en 1968, en la que un equipo de cĆ”mara filma una ostentosa escena de audición en Central Park entre algunos actores, mientras ese equipo es filmado por otro equipo, con un tercer equipo tambiĆ©n filmando cosas; cada nivel de la imagen parece explorar otra capa de significado, como en un intento de abrir lo que William Blake llamó "las puertas de la percepción". A su manera, Ćrase una vez en Harlem se siente como otro esfuerzo mĆ”s, y cada parte de la conversación abre nuevas formas de ver el Renacimiento de Harlem. Imaginamos al director volviendo a este metraje a lo largo de los aƱos, recordando estas escenas de estos hombres y mujeres mirando hacia atrĆ”s, el presente siempre vivo pero inexorablemente alejĆ”ndose cada vez mĆ”s. Y ahora tenemos esta obra maestra, completada por David Greaves, que tambiĆ©n funciona como retrato y homenaje a su padre, aƱadiendo otro nivel.
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