UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN EN EL BALLET: EL SUEÑO DE PRISCILLA GÓMEZ
El 16 de mayo de 1988, se descubrió la escultura Young Dancer de Enzo Plazzotta frente a la Royal Opera House de Londres. Esta obra, que representa a una bailarina de ballet, se ha convertido en un símbolo para aspirantes a bailarinas de todo el mundo. Muchas niñas, como Priscilla Gómez, han hecho un deseo frente a esta escultura, imaginando una brillante carrera en el arte de la danza. Hoy, Priscilla está cumpliendo su sueño al ser parte del elenco de La Traviata en la Royal Opera House, un lugar que siempre había soñado con pisar.
UNA INFANCIA DEDICADA AL ARTE
Priscilla nació en Bogotá y se define con orgullo como monteriana. Desde pequeña, su alma ha estado ligada al ballet, comenzó a bailar en la Academia Anna Pavlova y se mudó a Madrid a los diez años para perfeccionar su entrenamiento. Su vida ha estado llena de logros, desde ganar campeonatos nacionales hasta recibir una formación en el English National Ballet de Londres y bailar en el Joffrey Ballet de Nueva York.
A pesar de sus éxitos, las lesiones amenazaron su carrera en varias ocasiones. Priscilla ha pasado por más de 15 cirugías a causa de problemas en las articulaciones, lo que la llevó a pensar que podría despedirse del baile para siempre. Transformó su enfoque hacia la actuación, inscribiéndose en la Academia Estadounidense de Artes Dramáticas y combinando danza y actuación en musicales y teatro.
EL DESAFÍO DE VOLVER A BAILAR
Después de varios años alejados del ballet, Priscilla enfrentó un desafío monumental cuando decidió audicionar para un papel en La Traviata. La noticia de que podría regresar a la danza fue un giro inesperado en su vida, especialmente tras años de duro trabajo y múltiples operaciones. "Nunca pensé que volvería a bailar, y mucho menos en la Royal Opera House", confiesa.
A pesar de las adversidades, mantuvo una rutina rigurosa de fisioterapia y cuidado constante. Durante su primera temporada en julio de 2023, justo después de una operación de hombro, pudo regresar a un escenario que había deseado toda su vida. Su audición fue una de cientos, pero su dedicación y tenacidad le permitieron destacar.
UN CAMBIO DE PERSPECTIVA
La experiencia de bailar en un lugar tan prestigioso no solo le ha proporcionado un sentido de logro personal, sino que también le ha enseñado que "nada es imposible". Priscilla ha aprendido a no limitarse ante diagnósticos médicos adversos, y a confiar en su propia resiliencia. Ella destaca que su formación en ballet ha dejado huellas profundas en su vida artística, como la disciplina y la resistencia.
El regreso a la danza no solo ha sido un triunfo en su carrera, sino también una manera de cumplir con el deseo que formuló frente a la escultura que tanto la inspiró de niña. Su rutina diaria es intensa: ensayos diarios que comienzan a las cinco de la tarde y que se extienden hasta la noche, pero su amor por la danza la mantiene motivada.
UN MENSAJE DE INSPIRACIÓN
Para las jóvenes que sueñan con bailar, Priscilla tiene un mensaje claro: “Confíen en su determinación”. En un país como Colombia, donde la industria del ballet no es tan fuerte, invita a las aspirantes a crear sus propios caminos. Su vida es un testimonio de que, con esfuerzo y dedicación, los sueños pueden convertirse en realidad.
A medida que continúa su viaje en el mundo del arte, Priscilla compagina su carrera de actriz con el ballet. Ha trabajado en producciones en Colombia y Estados Unidos, y su última serie, Francisco el Hombre, le permite explorar su versatilidad como actriz.
Priscilla Gómez es un ejemplo de que el camino hacia los sueños es posible, aunque esté lleno de obstáculos. Su historia nos recuerda que seguir nuestros sueños, sin importar las dificultades, es lo que realmente importa.
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